|
En el medio del oriente, vi el sol nacer,
y en el primer rayo que acaricio mi rostro, sentí el calor de tu ternura, y vi tus labios besar mi frente.
Es una locura de no estar cerca de ti, y se vuelve una obsesión de no apreciar tu piel de rosa, tan suave y dulce, que hasta los dioses griegos se vuelven envidiosos de tu terneza.
Al ir a dormir, la luna vocaliza baladas de mi tristeza y miseria de no tenerte a mi lado; de no poder amarte, no poder abrazarte, no poder leer tus facciones con mi corazón cuando mis manos fluyen por tu cuerpo como el aire que respira por el mar de la tierra.
Tanto anhelo el aroma de tu cabello, que cuando respiro, se que nunca te fuiste, pero que estas mas cerca que creo.
Maldito sea el tiempo y trecho que nos separan, que si fuera yo Dios, partería el mar rojo, para que estés otra vez a mi lado.
Ni la tempestad, ni el tiempo, ni la muerte, ni la soledad de anís de distancia puede desenfocar este cariño, romance, pasión, entusiasmo, apasionamiento, efusión, fogosidad, ardor, y calor que convergió dos seres humanos y conjugó una solo alma de amor; como Dios instituyo en nuestro ser.
En fin, vendrá el día, en cuanto estaremos juntos por primera vez, no detrás de una maquina de solo fantasía, que no tiene sentimientos ni expresión, si no de cara a cara, mano en mano, labio en labio, respiración en respiración en unísono.
Y así, con todo de todo, estaremos siempre juntos, como dicta nuestro corazón.
~Tori Cuddigan~
© Copyright 2007 toricuddigan (UN: aquario2681 at Writing.Com).
All rights reserved.
toricuddigan has granted Writing.Com, its affiliates and syndicates non-exclusive rights to display this work.
|