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the palm of your hand.
Printed from https://www.Writing.Com/view/1868887
Rated: 13+ · Novel · Drama · #1868887
Love words, as much as I have written. SPANISH
Ai Kotoba
PRIMER ENCUENTRO
Recuerdo bien el día en que la conocí, un día muy soleado, yo viajé al campo, un campo lejos de la ciudad, un lugar en donde puedes sentarte a descansar, recostarte, relajarte y olvidarte de las preocupaciones de la ciudad.

Todo estaba en calma, yo llevaba todo para almorzar en la pradera, subí a la colina más alta, en la cima hay un gran árbol y debajo de él, de pie, en el filo de la sombra, una chica, joven, mirando fijamente al cielo.
-Hola. Me atreví a saludarla.
Ella volteó y me miró con sorpresa y extrañez.
-¿Te importa si me siento aquí?
Ella no dijo una sola palabra, se quedo quieta por un momento, pensativa, y luego negó con la cabeza y me tendió su mano abierta, señalándome donde me podía sentar. Extendí el manto, la mitad en la sombra, la otra en el sol, me senté en donde caía el sol, puse la comida sobre el manto. Ella miró fijamente la comida que llevaba, supe que ella tenía hambre... Tomé un sándwich y le ofrecí, ella lo miró detenidamente, pero no se movió, lo puse sobre un plato y lo dejé sobre el manto, en la sombra, ella seguía de pie en el mismo lugar, evitando mirarme, pero volteando repentinamente a ver la comida, se mordía el labio inferior y tomaba un brazo con el otro, lentamente se acercó, acabó sentándose en la sombra, frente a mí, cogió el sándwich y lo devoró en un par de mordidas. Pude verla, su cabello era largo, llegaba al suelo cuando ella estaba de pie, era de color plateado, de alguna forma parecía que ese fuese su color original, las puntas de su cabello eran de color dorado, como si hubiera sido una rubia que perdió el color, su piel era blanca como la leche, pequeños labios rosados y unos ojos de color esmeralda, también parecían haber cambiado, sus ojos eran de color esmeralda, pero el filo parecía rojo, posiblemente sufrió de alguna enfermedad que pe hizo perder el color, pero igualmente ella era preciosa.
Cuando se terminó el sándwich me miró fijamente, quizás esperara alguna respuesta de mi parte, yo solo le sonreí, luego le ofrecí algo mas, ella era muy delgada, y tenía muy buen cuerpo, supuse que llevaba alguna dieta, pero acabó con mi comida, ahora tenía una sonrisa en su rostro, eso me alegró, me recosté en el pasto y caí profundamente dormido bajo el sol.
Cuando me desperté estaba recostado bajo la sombra de aquel gran árbol, la manta estaba doblada bajo mi cabeza en forma de almohada, todo estaba recogido, esta pequeña joven de menos de veinte años estaba sentada a mi lado, recargada en el árbol, leyendo uno de mis libros, que como escritor llevo a todos lados, lágrimas brotaban de sus ojos, pero ella no los levantaba de la lectura, la hice llorar, sin decirle una palabra, me levanté y me senté junto a ella y acaricié su cabeza. Ella comenzó a temblar, sus ojos fijos en la lectura, pero ella ya no leía, parecía que estaba por gritar, le solté, me aleje y le pedí perdón de rodillas, ella me miró, se calmo y toco su cabeza, acaricio su cabello por un momento y luego fue hacia mi, me levante y ella me abrazo, tomo mi mano y la puso sobre su cabeza, la acaricie de nuevo. Ella tomo el libro y me lo mostro.
-Yo escribí eso. ¿Te gusta?
Ella sintió con la cabeza.
-Puedes quedártelo si quieres.
Ella sonrió y tomo el libro en brazos.
-¿Como te llamas?
Ella quiso responder, le costaba mucho hablar, al final no pudo así que le di unas hojas y una pluma que siempre llevo conmigo.
Su nombre era único: Mio Sakuno.
-Es un nombre hermoso, Mio. Yo soy...
Antes de que pudiera decirle mi nombre, ella me mostró una hoja con un extraño símbolo que no pude comprender.
-¿Que es esto?
Ella volvió a escribir "Tenshi"
No supe que decirle, no conocía la palabra. Ella escribió de nuevo en la hoja.
"Ángel"
Por lo que puedo apreciar de ella, dejo de hablar, no, mas bien perdió la voz recientemente, ella se esfuerza por hablar, eso dice que era de las que no se callaban, y que no ha perdido el hábito de hablar. La razón de su perdida me es desconocida, pero a juzgar por su reacción cuando intente acariciarla, debe haber sufrido un trauma muy grave. ¿Que tanto ha sufrido esta pequeña?
Le agrade, y por eso me llama Tenshi, que significa ángel, pero no creo que lo diga por mi nombre, sino por lo que cree que soy. Para que ella crea que yo, un simple humano imperfecto y lleno de males, sea un ángel, su demonio debió ser alguien horrible.
De pronto ella comenzó a llorar, y el cielo perdió su brillo, levante la mirada para ver su rostro, pero ella no estaba llorando, estaba sonriendo, riendo. Guardo el libro y las hojas en el cesto, salió de debajo del árbol, el sol se había ido, ella corría, giraba, saltaba y reía en el pasto bajo la lluvia, empapándose.
El mojarse no le molestaba, la hacia feliz. ¿Que sentiría ella bajo la lluvia? ¿Paz, calma, alegría? ¿Quizá libertad?

No se mucho de ella, pero sé que se llama Mio Sakuno, y que le encanta la lluvia.
Ella usaba un vestido blanco de algodón, muy delgado, se transparentaba al mojarse, pude ver su cuerpo y me di cuenta de que ella solo usaba ese vestido, ella no usaba ropa interior, iba descalza, solo llevaba ese vestido, pero ver su cuerpo al desnudo no fue lo que me sorprendió, lo que vi fueron todas las horribles cicatrices que adornaban horriblemente su cuerpo, cada ángulo de su cuerpo esta lastimado, ella era la personificación del dolor, y a juzgar por su reacción cuando intente acariciarla, estas cicatrices son nada comparadas con las heridas abiertas en su corazón.

Desde ese momento no supe que hacer, me daba mucha lastima, pero no podía llevarla conmigo. La lluvia ceso, pero el sol no volvió, ya era hora de regresar.
-Mio.
Ella vino corriendo.
-Ya es hora de que me vaya a casa. ¿Quieres que te lleve a la tuya?
Ella tomo las hojas.
"No tengo un hogar, estas praderas y estos arboles que ves, son a lo que llamas hogar."
"Tampoco tengo a donde volver, no hay una sola persona que espere mi regreso."
"Yo estoy sola, pero siempre lo he estado."
"¿Que hay de ti?"
Fue en ese momento que que me di cuenta, ella y yo éramos iguales, ambos estábamos solos, yo tenia una casa, pero no un hogar, nadie con quien compartir. Ella no se quedo conmigo por estar sola, lo hizo por lastima, yo era quien estaba siendo consolado.
¿Como es posible que alguien que ha sufrido tanto, que no tiene una sola cosa por la cual vivir, y además sola, como puede sentir lastima por alguien como yo?
Ella tiene un buen corazón.
-Mio. ¿Vendrías conmigo a casa?
No se porque pregunte eso, pero las palabras salieron solas de mi boca. Ella me abrazo, casi pude oírla decir.
"Todo esta bien, ya no estas solo, iré contigo."
Ambos subimos al coche, no tardamos mucho en llegar a mi casa. Fue entonces que me decidí a actuar, quería saber su historia, pero no quería hacerla sufrir, lo mejor seria preguntarle en ese mismo momento para no tener que hacerlo después, o eso me dije, para ocultar mi egoísmo y curiosidad.
-Mio, no creo que quieras pero, ¿podrías contarme tu historia?
Ella se quedó pensativa por un momento, luego tomó las hojas y escribió:
“No tengo familia, mis padres vivían juntos, pero mi padre abandono a mi madre cuando se embarazo de mi.”
“Tiempo después me enteré de que él había muerto, se metió en negocios muy feos y acabó asesinado.”
“En ese entonces pensé que la justicia había actuado, pero estaba equivocada. Yo maté a mi madre, su separación y muerte son mi culpa.”
“Pero sabes, ella nunca me reclamó nada de eso, nunca me dijo nada, siempre estaba contenta conmigo, yo la amaba mucho.”
-¿Mataste a tu madre?
“Si en aquel momento yo hubiera sido mas fuerte, no me habrían secuestrado, ella no me habría buscado, y no habría acabado muerta. Ella murió por mi culpa.”
“Con ese dolor, a punto de morir, de perder mi mente, hice un pacto con un demonio, Akuma. El me daría la vida, y a cambio”
“yo me entregaría en cuerpo y alma.”
“El me obligó a hacer las cosas mas horribles que puedas imaginar y cosas peores aun.”
“Mi mejor amiga, Zefie, quiso ayudarme, sin importar cuanto le pedí que no me siguiera, ella lo hizo, pero también se vio forzada a entregarse.”
“Con el tiempo corrompió nuestras mentes, incluso nos llegó a gustar lo que hacíamos, aún me hieren aquellos sentimientos, todo lo que sentí en aquel tiempo, pero sé que yo no soy así.”
“Al pasar el tiempo, perdí la decencia, la cordura, la vergüenza… perdí mi mente, cada vez que estaba por quebrarme en pedazos y morir en espíritu, Zefie estaba a mi lado.”
“Y es por ella que pude resistir tanto, pero llegó un momento en que no pude mas y perdí mi alma, dejé de servir, ya no reaccionaba.”
“Podían maltratarme, pero yo ya no lo sentía, ni siquiera podía formular una palabra, ni siquiera podía hacerlo en mi mente, ya no le servía, así que me desechó, me tiró a la basura, literalmente.”
“Cuando recuperé mis sentidos regresé a donde él se encontraba, pero ya no era yo, me había convertido en un demonio.”
“Cuando volví, él había hecho algo que causó la muerte de Zefie, nunca lo pude perdonar, no solo le di a su cuerpo el mas horrible dolor, y una muerte que te causaría un gran trauma si lo vieras, también me encargué de desgarrar su alma, no dejé rastro de él.”
“Pero no es hasta ahora que me doy cuenta de que solo me hizo sufrir.”
“Después de eso me desperté en donde nos conocimos, y he estado viviendo en ese lugar por algún tiempo.”
Me quedé perplejo, no sabía que decir, ni que hacer, no podía hacer algo por ella, no en ese momento. Ella se levantó y se sentó en el suelo, en la esquina de la sala, rodillas al pecho, estaba llorando, pero pronto cayó dormida. La cargué en brazos y la llevé a mi habitación, le puse una de mis pijamas y la recosté en mi cama, dejé que durmiera, mientras me retiré a la sala con una manta. No recordaba lo cómodo que era mi sillón.



SEGUNDO SOL
La cálida luz del sol entraba suavemente por la ventana de la sala, clara, brillante, apacible, mostrando una tranquila mañana de sábado, quise acomodarme mejor, pero el movimiento de mis manos se vio forzado a detenerse ante la presencia de una larga cabellera en mi pecho, Mio estaba acurrucada en la manta, dormida sobre mí, se veía realmente tierna mientras dormía, pero mi movimiento la despertó, ella se levantó con suavidad, me miró tiernamente y sonrió.
Enseguida corrió por hojas y pluma y escribió:
“Hace ya mucho tiempo que no dormía en una cama. Pero hace mucho mas que he estado durmiendo sola.”
No tuve que preguntar la razón de abandonar la cómoda cama, ella ya había respondido.
Se dejó vencer sobre sus rodillas, sentándose en el suelo y miró por la ventana hacia el cielo brillante de la mañana, comenzó a moverse de lado a lado con un ritmo tranquilo, una sonrisa en su rostro. Ella comenzó a cantar, movía sus pequeños labios pronunciando las palabras con mucha delicadeza, presenciar esa escena me llenó de alegría y me sentí afortunado de poder estar ahí en ese momento para apreciarlo, para apreciar la belleza de las cosas que no todos pueden ver, sin embargo, al mismo tiempo me pareció triste, pues ningún sonido provenía de ella, aún en silencio, pude escuchar aquella canción hermosa, una canción con la que ella recibía las mañanas. Entonces decidí un nuevo propósito, le devolvería su voz a esta pequeña, costase lo que costase, quería hacer eso, aunque fuera la única cosa que hiciera en la vida.





TERCERA LUNA
No volvió a cantar en todo el día, pero lo hizo al llegar la noche, me pidió subir a la azotea y ya en el tejado, de pie, frente al brillo en el cielo, saludando a la luna, acompañada por las estrellas, e inmersa en aquel profundo oscuro del cielo, me enseñó una amable melodía, muy sencilla, pero en esa sencillez radicaba su hermosura, una bella melodía, y yo la entoné para ella. Al entonar su melodía ella me miró fijamente, como si preguntara el porqué de mi canto. Solo sonreí, y juntos cantamos por un largo rato, cantándole a la luna, me sentía como un perro aullando, pero era un acto muy amable, quedé maravillado con la forma en que ella aprecia las cosas que se ven tan simples, pero que son tan magníficas y espectaculares. No quise darme cuenta de que me comenzó a gustar.
Regresando a casa, puse un poco de música, un bello vals, Nemuri Hime no Waltz, le tendí mi mano, ella la tomó con sus delgados dedos, y dimos vueltas y vueltas, bailando aquel hermoso vals, hasta caer rendidos del cansancio, entonces dormimos.

Las cosas no son como parecen, entre más tiempo paso con esta chica mas siento que estoy viviendo en un sueño, que no es posible que esto sea real, todo es demasiado perfecto, esto no va a durar.
Fue en esa noche que escuché la primera voz.
Fue en la regadera que ocurrió, de repente el agua se enfrió, pero no me molestó, todo perdió su color, el agua dejó de caer, suspendida en el aire, luego todo se oscureció y comenzó a oler al típico olor al hierro de la sangre.  Comencé a escuchar un tenue sonido, el origen del ruido se hizo visible, al igual que sus ondas de propagación, ruidos extraños comenzaron a sonar y una voz monstruosa comenzó a hablar:
-He caminado entre hombres y ángeles por tres mil años. El tiempo no tiene fin… no  tiene comienzo… no tiene propósito. Vago por la Tierra, buscando perdón por mis horribles crímenes en contra de Dios y del hombre. Vivo para ver la muerte y la destrucción, el mal… sobre la luz, pero la luz no se puede apagar. Vivo en una prisión de mi propia muerte. Me encuentro perdido… en el tiempo.
Esa voz me hablaba de su historia, de su tragedia y de su dolor. Pero esa no fue la única voz que escuché…
El silencio reinó una vez más, todo se aclaró y el color volvió poco a poco, con el sonido del ambiente y el movimiento del agua que caía, el calor del agua regresó. Por alguna razón esa voz horrible no me causó miedo, más bien me tranquilizó y me llenó de calma, pero me dejó lleno de dudas e incertidumbres.
Llegué a pensar que estas voces eran algo trivial y superfluo, acto de mi imaginación, que me habría traumado con la historia de Mio, pero no pasó mucho tiempo antes de que volviera a escuchar aquella voz. La siguiente vez fue cuando estaba en la cocina, todo ocurrió de la misma forma, Mio no sabía que pasaba, pero se daba cuenta de que algo me ocurría.
-De esta forma acaba el mundo, de esta forma acaba el mundo, de esta forma acaba el mundo, no con una explosión sino con un quejido. Mis pecados no pueden ser perdonados, mi alma no puede ser salvada, existo para sufrir por los crímenes que cometí y no tengo perdón, no importa que me haya arrepentido, no me importa sufrir por el resto de la eternidad, si eso significa que mis pecados sean perdonados, pero el perdón me es imposible de recibir.
Aquella noche volví a escuchar, pero esta vez fue diferente, una lluvia de palabras y emociones y sentimientos cayó sobre mí.
“Dolor, pena sufrimiento, arrepentimiento, imperdonable, muere, no vuelvas a respirar, te odio, por que lo hiciste, eres horrible, te desprecio, muere... y no vuelvas, desaparece, te odio… Akuma.”
En ese momento supe de quien era la voz, la voz de aquel demonio que le causó tan horrible dolor a Mio, el pedía perdón, quería aliviar sus penas, descansar en paz, pero ni siquiera yo lo pude perdonar por lo que hizo, por lo que le hizo a Mio.
Quería hablar con Mio, preguntarle lo que pensaba, pero solo la haría sufrir, y aun así, de alguna forma, quise, por un momento, que ella le perdonara…
CUARTA VOZ

Sus ojos resplandecían con la luz de la luna, sabía que no era posible que Mio le perdonara, y yo tampoco, pero aun así me decidí a hablar con ella.
-Mio. Ella volteó a verme y su rostro se iluminó.
-¿Eres capaz de perdonar?
“¿A que te refieres?”
-El día que llegaste te hice recordar tu pasado, lo siento, nunca quise hacerte sufrir.
“No te disculpes, no es necesario que pidas perdón, no has hecho nada.”
-Eres tan amable conmigo, pero dime si puedes perdonarle.
“¿Perdonar a quien?”
-Akuma.
Ella se levantó, sus ojos ardían con el fuego del odio, me sujetó y me arrojó contra la pared, su fuerza era inhumana, me sujetó y me inmovilizó. Con la mirada hacia el suelo comenzó a  llorar.
-¡No, no, no, no, no, no, no!
Esas fueron las primeras palabras que escuché de Mio, no dijo más, pero entendí aquel sentimiento que la ahogaba.
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